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Que nos sirva de lección a tod@s

Empezaba a sentirme un auténtico corresponsal de guerra y acabé empotrado, pero contra el suelo.

En realidad, tan solo había acudido a cubrir la segunda protesta ilegal contra la subida del precio de la vivienda en España, para el trabajo de clase. Eran las siete y media del domingo 21 de mayo de 2006, y pretendía reportar los hechos violentos que se empezaban a producir en la Puerta del Sol, desde una posición que creía neutral. Pero de repente, sin motivo aparente, un antidisturbios despistado se percató de mi testimonial presencia.

Algunos violentos lanzaban objetos contra la policía, mientras esta intentaba evitar a base de porrazos que la manifestación saliera por El Carmen e intentara cortar el tráfico en la Gran Vía, como ocurrió la semana anterior. A tan solo unos metros de distancia, me disponía a grabarlo todo con mi cámara de vídeo, tan cerca de unos y de otros que alguno tendría que haber oído mis gritos reprobando el uso de la violencia. Pero sin mediar palabra, un antidisturbios desquiciado se abalanzó sobre mí blandiendo una porra en la mano.

Como yo no quería emular a Leonardo Henrichsen ni tampoco convertirme en un mártir de la resistencia pacífica, decidí salir pitando, confiado en solventar la encrucijada de la manera más digna posible. Pero en la huida me resbalé por el mal estado de la suela de mis zapatillas en fricción con el polvo de los adoquines, cayendo lamentablemente al suelo. Sin tiempo para levantarme, opté por hacerme un ovillo y protegerme la cabeza. Conté hasta tres: uno, dos, y tres. ¡Exactamente los mismos porrazos que recibí en la espalda, una vez en el suelo! ¿Quedó maltrecha la libertad de expresión?



Que se lo pregunten mejor a los atendidos por el Samur y a los detenidos, si los haya, pero más que la libertad de expresión, creo que la violencia tenía como objetivo restringir, más bien, la libertad de movimiento de los manifestantes. Recordemos el extracto del manifiesto anónimo que fue repartido el mismo día: "Cada barrera policial pretende hacernos perder tiempo hasta que nos encierran y comienzan a pegarnos. Nuestra fuerza está en la movilidad: hay que desplazarse más rápido que quienes nos lo quieren impedir, por calles principales y bien grandes. Nuestro nombre es mañana", firmaba. Los antidisturbios debían tener instrucciones de impedir a toda costa que los manifestantes restrigiensen, precisamente, la libertad de movimiento de los vehículos, cortando la circulación en calles principales, como pasó la semana anterior. Pero sabiendo que las calles que desembocaban a Sol estaban cerradas al tráfico por las obras en la plaza, ¿era realmente necesario asfixiar a centenares de personas en ella, favoreciendo así la violencia de algunos exaltados, en lugar de ofrecer a los manifestantes pacíficos una salida digna?

En pocos minutos, Sol se iba a convertir en una ratonera, casi un sitio, que pilló dentro no sólo a los manifestantes, exaltados o pacíficos, sino también a otra gente que pasaba por allí pensando en un domingo cualquiera. No sabían que una serie de cordones policiales cortaban todos y cada uno de los puntos de acceso y salida de la Puerta del Sol entre las 19:30 y las 20:00 de la tarde: en Carretas con Avda. San Jerónimo, en Alcalá con Montera (ambos pasos muy estrechs, por las obras), en El Carmen, en Preciados, en Arenal y en la calle Mayor. Este bloqueo múltiple encerró a muchos ciudadanos que no tuvieron forma de salir de Sol si no era utilizando el servicio de metro.

Pese a las consignas del manifiesto anónimo alentando a ocupar calles amplias, sorprende semejante despliegue porque, siete horas antes, en la misma plaza, se había permitido que otras 4.000 personas marcharan desde La Puerta del Sol hasta la plaza de Oriente (según datos de El País, lunes 22), manifestándose contra el hambre en el mundo. ¿A qué se debe, pues, este doble rasero? ¿Acaso la vivienda digna, por ser un problema particular de los jóvenes (y no tan jóvenes), no merece igual tratamiento? Antes de crear más confusión, ¿no podría la policía haber facilitado una salida digna a los manifestantes, por muy ilegal que fuese la convocatoria? Sin olvidar que se expuso a mucha gente ajena a la manifestación a un peligro innecesario.

Después de una jornada de reflexión, me pregunto: ¿por qué era ilegal la protesta? Las cabezas pensantes deberían basar su lucha en conseguir que la legalidad de la próxima manifestación, y para ello deberían ponerse de acuerdo para condenar juntos los altercados violentos y, también, para proponer un itinerario de marcha que no bloquee el tráfico y que preserve el derecho a la libertad de movimiento de todo el mundo, tanto de los viandantes como de los vehículos. Si no se consigue, la policía podría justificar su violencia.

Archivado en con fecha 23/may/2006 - 1 comentarios

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Comentarios

Alumno Aplicado dijo hace 3 años y 43 meses:

En la onda de los manifiestos que se repartieron, pero sin difusión. ¡Vaya rollo!

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